Quimbaya nació en 2010 “por accidente”. Literalmente, el orfebre que impone su arte tuvo que mantenerse cinco meses sin trabajar ni estudiar por un contratiempo, y por ello decidió aprender un oficio que lo llevó luego al éxito empresarial y personal.

Podemos decir entonces que la palabra "resiliencia" describe esta oportunidad. Tras estudiar algunos años de diseño industrial y gráfico, Juan Manuel Romero definió su destino a partir de un trabajo artesanal: “Mi idea fue aprender un oficio de cero y, aunque pensé primero en vidrio soplado, me dirigí hacia las joyas”. Así se presenta el orfebre que vas adorar haber conocido y seguramente pasarás el dato a tus conocidos.

“La idea es lograr que la orfebrería sea accesible para todos”, nos dicen desde Quimbaya.

¿Cómo empezó este emprendimiento?
Fue algo inconsciente e intuitivo. Consulté primero con un joyero conocido de mi mamá y fue él quien me asesoró dónde estudiar la tecnicatura en orfebrería; allí comenzó este amor por los metales.

¿Cuáles fueron tus primeras creaciones?
Inicié con traba-pañuelos personalizados en alpaca y más tarde trabajé con plata y oro.

¿Cuán importante es tu pareja en este emprendimiento?
Marcela (Acrich) tiene un rol importantísimo: ella fue la primera persona que realmente creyó en mi labor. Supo usar sus conocimientos y experiencias para hacer de mi arte un producto accesible, logrando así juntos convertir a Quimbaya en una empresa.

¿Trabajan juntos?
Siempre. Tenemos bien definido nuestros roles: ella se encarga de la gestión comercial, la logística y el trato con los proveedores. Con eso logra darme la posibilidad de dedicarme tiempo completo a lo que me apasiona, que es sentarme en mi banco de trabajo y generar contenido en las redes sociales.

¿Cómo podrías definir los diseños que hacen?
Nos especializamos en engarces de piedras semipreciosas. Todo lo que hacemos es a mano, con búsquedas personalizadas. Nuestra bandera es que toda mujer es única y merece tener una joya inspirada en ella.

¿Qué sucede si quien solicita un diseño especial no queda conforme con el resultado?
Si al cliente no gusta el trabajo personalizado, se puede solicitar un nuevo diseño.

¿Cuál es el tiempo de espera, pensando que todo es artesanal?
El tiempo es mínimo, ya que en sólo 10 días como máximo "despachamos" la joya. A comienzo de año incorporamos un nuevo integrante al taller (Nacho Romero) a quien estamos formando para acortar los plazos de entrega sin perder la escencia de lo hecho a mano.

"Nuestra bandera es que toda mujer es única y merece tener una joya inspirada en ella", explica Marcela.

¿Cómo se solicita por redes sociales sin saber qué "talle" somos?
En nuestra página de e-commerce sumamos un pequeño tutorial que explica qué tamaño de anillos pedir, y lo mismo con el resto de las joyas.

¿Cómo manejan los costos, pensando que sus joyas cuestan casi lo mismo que un accesorio industrial?
La idea es lograr que la orfebrería sea accesible, que no quede como un arte inalcansable. Nuestros precios son competitivos comparado con productos seriados.

Los productos más vendidos

Esclava Martelé: pulsera rígida de plata 925, texturada a martillo y hecha a mano (parten de los $800 y van hasta $1900 de acuerdo al tamaño).

Anillo labrado
: este puede ser con o sin piedras (tienen un precio promedio de $1400).

Dijes mándalas
: dije de de plata 925 con formas de mándalas (parte de los $1000).


Estos emprendedores hacen envíos gratis a todo el país, y podés hacer tus pedidos desde Instagram, Facebook o la página web. En las redes sociales muestran piezas únicas, nuevas o exclusivas para inspirar a quienes busquen "esa joya".

Se pueden pedir los diseños que quieran, con variedad de piedras, diversos tipos de engarce y detalles para personalizar las joyas (algo muy solicitado para alianzas o regalos especiales). Con Quimbaya lograrás cumplir con que, como dicen estos cordobeses, #vosososprotagonista.

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