Según relata su pasado, Dalia Gutmann descubrió la vocación en una seguidilla de pruebas y errores. Es madre de dos hijos, esposa del conductor y humorista Sebastián Wainraich, e inició lo que hoy es su profesión en 2002. Fue locutora de radio, tocó la tevé en el rol de cronista y, jugando a ser otra cosa, llegó la oportunidad. ¿Qué la esperaba? El magazine AM (conducido por Vero Lozano y Leo Montero, y emitido por Teleocho hasta diciembre de 2015), el stad up con Cosa de minas y una dupla de libros que hablan de mujeres. Hablamos con Dalia en su paso por Córdoba.

 

"Tengo una doble personalidad: coqueta para trabajar y linyera en casa”, se definió Dalia.

En tus shows y libros hablás de mujeres pero afirmás no ser feminista, ¿qué significa eso?
El feminismo está ligado a una militancia que no llevo porque no tengo esa personalidad. Más allá de tener gestos o actos alineados a ese paradigma, hago humor riéndome de nuestro género. Una feminista a ultranza podría decir que me burlo de las mujeres, ¡me ve y se muere!

¿Y te ponés límite para el humor o vas por todo?
Trato de hacer humor con lo que nos toca vivir. Igualmente, me gusta hablar de aquello que nos pasa a las mujeres y que no les pasa a los hombres. ¿Cuántas veces dijiste “no te puedo creer que a vos también te pasa”? Bueno, de eso me río.

¿Usás el humor para desdramatizar o para modificar algo?
Supongo que para todo. Me parece que el humor tiene algo buenísimo que es la impunidad para decir lo que sea y que no quede tan mal. Lo uso para decir cosas que no me gustan pero también para cambiar algo.

¿De dónde sacás las historias o situaciones que contás?
Muchas veces salen de charlas con amigas.

¿Y ellas saben que les robás las historias?
¡Si! A mis amigas les robo todo (risas). Ellas se divierten, jamás se enojaron. Lo gracioso es que no se dan cuenta que aquello que dicen puede que lo use luego en un monólogo.

¡Me imagino los chats!
Los chats son una fuente total de inspiración (risas).

Igualmente de la primera que te reís es de vos, ¿no?
Los humoristas nos inmolamos. Debemos tener siempre presente que ese es nuestro lugar, el de exponernos y ridiculizarnos.

Hacer humor da trabajo

¿El código de humor estuvo siempre en vos?
Siempre me atrajo el mundo de la comedia pero nunca pensé que podía ser un trabajo.

¿Y cómo te animaste a hacer de eso tu oficio?
Me fui animando lentamente. Hice periodismo de calle en un noticiero y en un móvil terminé en bikini y dije “esto es lo que quiero, esto soy yo”. En el canal no me dieron lugar y renuncié. Lentamente me di cuenta que podía vivir de lo que me gustaba.

¿Tuviste que romper con algún tipo de prejuicio?
Internos no, pero sí de mi familia. Mi mamá me decía “¿vas a vivir de hacer chistes?”. Pero uno se tiene que dar aliento porque hay que seguir jugando. Es un laburo que necesita mucha energía.

¿Cuál fue tu gran gol?
Nunca metí un gran gol (risas). Pero entrar a AM fue la primera oportunidad grande. Después vino el teatro, que fue sentir que estaba jugando de local y en mi cancha (Dalia detiene la entrevista y dice: “juro que nunca hablé tanto de fútbol como en esta nota”).

¿Hacer teatro te estresa?
Soy bastante inconsciente, no racionalizo tanto. Lo insoportable es la previa a subir al escenario, donde pienso “por qué no vendo agendas” (risas).

“Me ha pasado de asegurar que una prenda era ridícula y después me encontraba con eso puesto”, confesó Dalia.

Hablemos de moda, ¿sos coqueta?
Tengo una doble personalidad: coqueta para trabajar y linyera en casa. Me gusta pensar qué me voy a poner algunos días en la semana, no todos.

¿Seguís las tendencias?
La moda me gusta pero si voy a un desfile voy en plan cómico, a divertirme. No estoy al tanto de las tendencias. Además no me pondría algo sólo porque está de moda.

¿Me vas a decir que nunca caíste en la tentación de usar una prenda sólo porque se usa?
Bueno, a veces sí (risas). Me ha pasado de asegurar que una prenda era ridícula y después me encontraba con eso puesto.

¿Qué opinas?