Si existe un “poder femenino”, Elena Roger lo tiene en altas cuotas. Una de ellas está en la fuerza de su talento como actriz y cantante, ese que le permitió dar vida a versiones de mujeres como Eva Duarte o Edith Piaf; que fueron aclamadas -literalmente- en Nueva York y Londres, las mecas del teatro mundial.

Y también hay poder, mucho poder en su actitud. En la seguridad en sí misma robusta y honesta que transmite con sus dichos y actitudes, perfectamente sintonizados. Por caso, ejerció el poder de elegir no usar maquillaje y aun así sedujo a una marca internacional de belleza que la convocó para hablar a otras mujeres, ¿a alguien se le ocurre mejor prueba de magnetismo?

Fuera del escenario, ¿nunca usás maquillaje?

No, solamente para los personajes. Siempre pienso que el hombre que se sube al escenario no usa maquillaje, ¿por qué yo lo tengo que usar? No siempre fui de la austeridad de no maquillarme, incluso de adolescente me gustaba. Al principio pactaba con el estereotipo de lo que se suponía “tiene que ser una actriz”.

Todo mi tránsito al no pintarme y no estar ocupándome tanto de la moda tiene que ver con la sustentabilidad, con no usar cosas que realmente no necesito. ¿Por qué un animal tiene que sufrir tests para que yo use un rímel? No es para curarme la leucemia, ¡es para un rímel!

Ganaste conciencia sobre tus actos…

Cuando sentí que mi carrera había llegado a un lugar interesante, donde tenía la posibilidad de decir a muchas mujeres lo que pienso, empecé sola a ser más auténtica. No me pongo en contra de nada porque cada uno tiene su pasión, su vida, su viaje. No juzgo. Sólo trato de hacer mi aporte y ser coherente.

¿Y siendo actriz no sufrís más presión sobre tu imagen?

Alguien me contaba sobre una actriz que iba al supermercado y se tenía que maquillar ‘porque era actriz’. Yo quiero dar el mensaje opuesto: arriba del escenario soy esto, pero abajo del escenario no soy una diosa del Olimpo, son un ser humano normal.

Hay roles y roles, y el asunto es poder elegir. Hay mujeres que disfrutan estar tres horas en la peluquería, yo no voy jamás porque prefiero usar ese tiempo en otras cosas.

¿Cómo definís la belleza?

A mi nona, con sus 90 años, yo la miraba y le decía “qué linda sos” y ella me contestaba: “vos me decís eso porque me miras con los ojos del amor”. Y esa es la belleza, a todo lo que uno mira con los ojos del amor lo ve bello. ¿Cómo podemos creer que la belleza tiene que ser sólo una persona delgada, maquillada, con el pelo planchado? Yo encontré el hombre más importante de mi vida (Mariano Torre, su pareja) haciendo Piaf, donde se me veía tan fea en el escenario. Son los ojos del amor.

 

La voz única de Elena Roger interpretando un clásico de Piaf. #musa #nosinspira

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Piaf también fue una mujer a contramano de estereotipos, ¿te inspiró en ese sentido?

A ella le habían aconsejado que no usara vestidos que llamaran la atención, porque las canciones iban a ser comidas por él. La atención iba a estar en lo que usara y no en lo que ella estaba relatando. Y es gracioso porque cuando ella fue a Estados Unidos y grabó un disco, la maquillaron y peinaron como estrella de Hollywood, y ya no era ella.

Trabajaste en la primera línea de Broadway, ¿tuviste esa clase de experiencia?

Sentía un poco eso. Me paso que una periodista me hizo una nota importante para el diario The New York Times y puso algo así como que no había entrado al “camarín de una diva” cuando entró al mío. Yo la recibí con ropa de ensayo. Ella no lo dijo mal pero si fue como que esperaba otra cosa, ellos son así. Tiene que ver mucho con el consumismo, con el úselo y tírelo. A esa artificiosidad de llenarnos de cosas alguien la paga, comprar una remera a dos pesos cuesta que un chico esté cosiendo como esclavo en lugar. Yo ya no puedo dejar de ver eso.

¿A Bahía, tu hija de 3 años, le transmitís esto?

Si pero ella es re-coqueta. Le encanta ponerse vestidos. Si fuera por nosotros no le compraríamos casi nada, pero tiene mucha suerte y recibe regalos de las primas, de todos. Tiene mil vestidos de princesa (risas). El otro día nos dijo “quiero carne”, y en casa somos vegetarianos. Con Mariano nos miramos y pensamos, habrá que comprarle, porque ella también debe hacer su propio camino

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