Cuando la tendencia en indumentaria permanece en estado de nacimiento nada tiene que perder, porque puede inventar su propio lenguaje, imaginar una loca combinación o echar al mundo todo tipo de destellos expresivos.

Tampoco pretende burlarse de las tradiciones culturales, puesto que no debe responder a ninguna en especial. El vestir de determinada manera sólo intenta provocar algo y ese algo surge de la hibridez, resultado de la aceleración de los nuevos tiempos. El acto en sí nos diferencia: crear un vestuario que hable de uno mismo se convierte entonces en una experiencia de vida libre y la tendencia que nace va nutriéndose de esa generosa desmesura.

Esta nueva edición del Buenos Aires Fashion Week 2012-13 convocó a seres con ese pensamiento compartido que viven, potencian y comunican la diversidad no sólo en su hacer cotidiano sino también en cada una de las prendas que deciden usar cuando despiertan. Caminar por el Pabellón Azul de La Rural y verlo repleto de estilos habla sobre la aceptación de esos cambios y fortalece las ganas de renovarse sin limitaciones del cuerpo y la mente.

Se comenzó a palpitar un BAFWEEK Primavera/Verano que -tras bambalinas- no se responsabiliza del prejuicio e invita a jugar con los looks más excéntricos y alternativos de la ciudad. Desde plataformas altas a exageradas, de mínimos detalles a ocupar la totalidad de los espacios. Vestidos largos y cortos, accesorios customizados, sombreros de todas las formas que pueden existir, peinados de colores que contagian y mezclas de texturas que se animan a mantenerse en comunión.

Gran parte de las capturas fotográficas fuera de pasarela son a aquellos espectadores que -quizás sin querer- ya marcan una tendencia. Eso se relaciona con lo que la moda, más democrática que nunca, empezó a proponerle a la sociedad: imaginación al combinar, tolerancia hacia los demás y atrevimiento al vestir.

Vale todo, de eso se trata.

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