La San Pablo Fashion Week es el principal evento textil de Brasil y, por la escala de ese país, el evento de moda latinoamericano con mayor impacto internacional. Caracterizada por ese cóctel de fuerte identidad propia –un rasgo transversal a la cultura brasileña- en diálogo con las tendencias que bajan del hemisferio norte, esta vidriera que siempre vale la pena mirar inauguró su 43 edición (otoño-invierno 2017) en la mayor ciudad del país vecino.

Entre los primeros desfiles, destacó el de Osklen, la marca de lujo sustentable del talentoso Oskar Metsavaht que siempre fascina con sus colecciones (los argentinos la consumen en Brasil y sobre todo en Punta del Este, donde significan el 80% de la clientela). Su inspiración para este invierno fue Soundtrack, un filme en el que participó que lo llevó a recorrer Islandia. 


Así, los paisajes gélidos en rosa y azul lavados de la isla quedaron plasmados en vestidos de gasa, propuestos sobre pantalones y otras prendas en la pasarela. Silueta oversize, alusiones al mundo del deporte –del que Matsavaht es eterno enamorado- en grandes camperas infladas y otros elementos y tonos suaves en contraste con naranjas, azules y verdes.


Pasarela “siniestra”

En tanto, el diseñador brasileño Joao Pimenta mostró una colección masculina de trajes casuales con cortes inspirados en figuras geométricas, para terminar estos en ángulos imposibles. La inspiración fue gótica con piezas confeccionadas para tener volumen y hasta una cierta estructura en el tren inferior y, por el contrario, ser más ajustadas en el torso y los hombros. Pimenta utilizó además tejidos innovadores basados en membranas impermeables creadas a partir del nailon, con un alto grado de transpiración, pero que al mismo tiempo impiden el paso del agua y neopreno biodegradable de doble cara confeccionado por una máquina que se asemeja a las impresoras 3D, entre otros materiales.


Femenina y setentera

Lilly Sarti, otra de las habituales en los últimos años en la pasarela de Sao Paulo, abrió con el color negro como predilecto pero su colección femenina evolucionó progresivamente hacia tonos más naturales que oscilaban entre el marrón de la tierra y el azul del cielo. La diseñadora se inspiró para confeccionar esta ropa en el "cuerpo contemporáneo, urbano y cosmopolita", según señaló en su carta de presentación, y pensó en sus piezas "como una segunda piel, que se acomoda, rediseña y recrea" la silueta femenina natural.

 

Grunge con glamour 

Una colección inteligentemente alineada con la tendencia y el gusto contemporáneo fue la de Vitorino Campos. Los años '80 como influencia central resultaron en looks realizados a partir de tejidos brillantes. La paleta de colores incluyó negro, blanco, rojo, amarillo, gris y naranja.

¿Qué opinas?