Invitada por Silkey Mundial, la consagrada Ingrid Grudke pasó por Córdoba en un desfile organizado por Artelleza. Locuaz y dispuesta, la rubia de 1,78 metro habló de todo y asumió extrañar mucho a Jorge Ibáñez.

Muchas marcas hacen hincapié en el concepto de "mujeres reales"... ¿Cómo llevás eso, siendo modelo?
Yo también soy una mujer real. La genética me dio las medidas que responden al estereotipo de “mujer ideal” para los diseñadores, pero soy como todas. Es verdad que existe hoy un estilo de cuerpo y belleza que se pone de moda, pero eso cambia como en los años 20 que se usaban los labios súper finos y ahora gustan los carnosos.

¿Los estereotipos tienen que ver con las épocas entonces?
Yo creo que sí. El mismo humano busca cambiar y tener nuevos estilos o tendencias. Tiene más que ver con eso. Cuando se usaba la mujer con estética andrógina y sin maquillaje, yo no era la ideal.

Ya lo has contado otras veces pero, ¿cómo llegaste al modelaje?
Por medio de un scouting, un casting con la agencia Elite que buscaba nuevos rostros. Me vieron en una discoteca y me fueron “seduciendo”.

¿No estabas convencida de ser modelo?
¡No! Soy lo que soy gracias a mis amigas. Ellas me empujaron porque veían el potencial que yo tenía como modelo. Es dicífil verse uni mismo, en un lugar así.

Muchas chicas sí se ven modelando, ¿vos no lo querías?
No soñaba con ser modelo. Aproveché el momento, las circunstancias. Este trabajo es una muy linda profesión para la mujer y aprendí a disfrutarlo.

¿Te costó al principio?

Sí, me costó bastante. Sobre todo cuando me volví muy popular porque estaba acostumbrada a desfilar para vender un producto; mi imagen era usada para comunicar algo. De repente mi nombre se transformó en una marca y la gente quería saber quién era, de dónde veía, etc. Eso me impactó mucho. Sobre todo en 2003 cuando hice teatro de revista.



¿Volverías a hacer teatro?
Sí, totalmente. Lo disfruté mucho. Los espacios que tenemos las personas deben ser aprovechados porque seguramente otros quieren vernos en un lugar diferente. Tal vez porque los identificamos de alguna manera.

¿Extrañas a Jorge Ibáñez?
Siempre. Lo extraño mucho, todo el tiempo.

¿Qué diseñador sentís que hoy ocupa su lugar?
Nadie, no hay otro. Es el gran error que comentemos: buscar un reemplazo. Cada uno es único. Más allá de es, existen diseñadores -nuevos o conocidos- que me gustan mucho.

¿Podés nombrar uno?
Te nombro un cordobés: Claudio Barzábal.

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